sábado, 25 de enero de 2014

NI PIEL NI NOMBRE














Mis manos,
mis diminutas manos
vacantes de caricias,
de tu piel sin nombre.

Te has marchado por los laberintos de la ruina
hacia ásperas sienes,
condenándome penas amarradas a la nada
a la par noches sin senos que me sujeten.

¿Dónde está la mirada fecunda y el sol de las mañanas?
Rayos de miedo,
bolsillos sin risas,
y el alma,
¡ay mi alma!
tan apretada sobre la diáfana libertad sin vida.

Y me engendraste entre jirones azules
mientras imploro ojos de piedad sobre tu mente.
Hombros sin abrazos,
palabras vivas en la sordomuda soledad
en el momento que se escaparon las ganas
de seguir amándome .

Mis manos,
no tienen piel,
ni nombre.