miércoles, 29 de enero de 2014

DOS SOLEDADES














-Hube de sobrevolar un cósmico mar
más allá de todo límite de estrellas idílicas.
He atravesado los oleajes de los desalientos
y las desesperanzas,
y los inmensos jardines de la felicidad fatua,
pleno de sirenas de lenguas letales.
Hube de pasar todo eso y también
lo indescriptible para tan siquiera intuirte allí,
sentada en esa línea de horizonte
como un canto de lejanía quieta,
mansa como un edén.

- Y ahora,
que intuyes mi presencia,
que tus muros gritan de agonía
y las alas tintinean
en medio de sombras vivas.
Dime si soy la brisa venturosa
o simplemente los labios de la noche
con enterrados y desarmados violines.
Yo mientras,
cerraré las puertas al olvido
desataré las lianas para estar contigo,
ya que el color de mi sueño
se blanquea entre la mitad de tu existencia.

-Suelto mis amarras, me libero
de los espejismos y de las esperas pacientes.
Me suelto a la dulce y pecaminosa senda por donde me llegas,
por donde la sensación de tu existencia se pone roja,
escarlata de ansiedad e impaciencia.
Me vuelvo una flecha con destino infalible
desde mi eternidad hacia tu infinito.
He de ensartar en la soledad a ti adherida
sin matarla...
Tú, tú y ella me han de olfatear,
juzgar si mi aroma les sabe a casual lobo hambriento del camino
o a macho huérfano de guarida,
de eternidad de a dos.

-Tú,
mi dulce espera
huérfano de collares desconocidos
y de pies con lágrimas siniestras.
¿Acaso no viste mi mundo,
y lo que te espera?
Piel sin abrigo,
silencios perforados
con espinas de euforia.
Tal vez,
el dolor me sostenga con sus ojos
y el centro de mi vida sea morirme,
sin tocarte…

Autores: Alex Peruzzi y Silvia Savall