jueves, 30 de mayo de 2013

RUE RIVOLÍ


















Cuatro paredes se pintaban de fuego
en aquella chambre de la Rue Rivolí.
Se amaban,
bajo el  liberado crepúsculo vencido
cuando aleteaban  bocas ignoradas.

Ella se acercó sin aire
a los húmedos labios,
y en ese preciso instante
robándole el aliento
enmudeció sus ojos ante el seductor preludio. 

Se desnudó delante del verdoso iris
recorriendo su espalda con dedos de aceite,
al mismo tiempo,
se abrió un torrente incomparable
sintiendo la pluma de sus mudables  yemas.

Quebróse en  susurros olvidados al oído
renaciendo palabras recitadas
hacia la poesía de sus labios,
mientras un te quiero moría en un verso con abrazos.

Segundo tras segundo
sus manos lentas,
sin límites, se bañaban  en el rocío de la piel,
avivando el acorde de su boca
cuando esa boca moría entre acordes.