miércoles, 5 de junio de 2013

AGÓNICOS VÉRTIGOS













En el callado túnel se fueron aireando
gallardamente sus  agrestes huellas,
que imborrables  se repiten vencedoras
cual chacal pisa seguro ante la presa.

Abrazadme entre  matorrales y  espiga,
que las piedras  sean miembros en heridas
cuando la  dermis me contemple  llorosa
con serpenteantes  muñones en  agónicos vértigos.

Heme aquí bajo el sombrío ocaso,
ahuyentado truenos,
defendiendo la propiedad que me pertenece.
Ruidos  inclinados aspiran el  aire
entre ávidas  entrañas que aún palpitan
y suspiran ante sus dientes.

Soy cruz,
víctima en raíces de arterias
que arrebata al  hijo de mi quebrado vientre
hurtando capilares azulados,
entre tanto el cautivador latido
vive y muere en  repudiados  segundos.

Decidme si el canto estrangulador
no enmudece la palabra,
si el aliento reclamado no hiere al corazón
cuando el retrato es hielo negro
fidedigno esclavo del dolor.

Miradme, sin nombrar al  desperfecto rostro,
asesino de almas,
que con látigos de cuero y golpes triunfales,
enlutó  lo que más amaba
y ahora, ya no somos nada.

Quisiera morir  guareciéndome en  sombras infames,
ser ceniza en fondo de nieblas
al igual que un cuerpo
es victima en boca  carnívora de animales.

Tragadle con garfios de púas sobre crispadas corrientes
en las falsas telarañas moribundas,
mientras los cristales punzantes
arraigan sepultura en la sal de la sangre.

Siempre fui paciente,
el aire ya no habita en mis pulmones,
ya no reposo en el mar,
ni en el amanecer,
ni en las ciudades,
sólo espero la alegría  de tu anhelado abrazo.