lunes, 8 de abril de 2013

MI CULPA















Fracturados desequilibrios se  desnudaron ante ti,
doblegando,
concediendo falsas treguas a  mi traidora cabeza de arena.

Equivocados fueron sus delirios
anidándose en ventajadas alucinaciones,
mientras la cordura fielmente lo abandonaba
entre demacradas fobias  y exhaustos torrentes,
la culpa acribillaba en medio de divertidas preguntas.

¿Cómo pude creerle?
Tú que amaste sabiamente al Judas traidor,
ahora entre húmidos maderos
cien pústulas  roñosas  sajan  candentes
sobre colmadas y austeras aves rapaces.

¡Pido perdón!
Aunque la humillación sea mediadora de vejados adjetivos,
bien merezco el más que cruel martirio
ante la injuria tutelada por imparables  látigos.
Enmudecen lenguas entre redes huérfanas
pues soy testigo de una fábula fingida.

Más no puedo sino rendir mi cabeza,
retorcerme bajo la  parca y doblegarme ante ella.