viernes, 12 de abril de 2013

AQUELLA TARDE

























Se escapa entre mis dedos la inocencia
como el agua del cauce al desbordar,
desnuda mi alma se refleja
en el laberinto de tus manos
Guadalupe Jiménez



Te vi,
en aquel bulevar empedrado
repleto de mosaicos que entonaban
el bonito escaparate de la esquina…

Sosegado transitabas,
lentamente  descendías
entre el tumultuoso hormiguero
de personajes que se colapsan
en la extraordinaria época de rebajas,
mientras la tarde
extenuaba  anaranjados  paréntesis.

Pensé en las úlceras del sentimiento,
mordían irremediables  polvos negros,
pero cuantas veces los  alfileres
aguijoneaban y rememoraban
la adoración de  impalpables labios.

Quizá la necrótica alma
estuviera  cubierta de harapos disipándose
como la tenue luz de un cigarrillo rubio,
entretanto la mirada suspendida  desvestía y vestía
ante los certeros reclamos de cómodas retinas.

Te miraba en el íntimo silencio,
cual deseo existente se funde
un acariciador beso,
y la aurora ensimismada,
sumisa yacía,
victoriosamente conciliadora,
serenamente sonreía.