martes, 9 de abril de 2013

AMANECÍ
















Amanecí en el iris de tus ojos,

anudando evidencias en el

anaranjado ejido de aquel viejo olmo,

las  hojas amarillentas arropaban  el cariño

que se humedecía en tus labios tersos.



Las pepitas de oro bañaban

el arcón de la añoranza,

nutriendo  la insignia del candor

entre nítidos grabados rojos,

perfilabas, el amor en mi piel.



El salobre de mis lágrimas,

es el bálsamo que tú me regalas

en los atardeceres del celestial otoño,

y entre conjugaciones de verbos

derramas milagros en las tempestades de mi esencia.


Las pestañas de mi cuerpo se recreaban

en el cáliz de la  sensibilidad,

ensortijando hebras en la cuna de la alianza

y enamorando el candil de mis asolados días,

ahí estas tú, cobijando mis entrañas.