martes, 24 de diciembre de 2013

25 DICIEMBRE













El frío se deslizaba sobre mi cuerpo
como una ventisca,
mientras los pies reclamaban asilo
en las puertas frías,
pero ni un alma sonreía bajo la cálida mirada.

Y así sobre pajas de hiel
envuelta con piedras gélidas,
te sentí,
sentí el aroma de tus dedos, madre,
cuando los labios besaron la aurora.

Arropado con lágrimas azules
mi pecho se conmueve ante la amorosa pupila,
ésa que reina sobre tus ojos, padre,
en el momento que cubres acordes
desnudando hebras bañadas de gloria.

Estrellas cantad,
puesto que mi boca exclama amor.
Veinticinco de diciembre,
nací,
aquí estoy.