sábado, 2 de noviembre de 2013

LARGA VIDA


















Fuiste apresándome con tus dedos
hasta llegar a mis pulmones,
siendo el oxigeno cada día
cuando las piernas me flaquean.

Has sido,
eres,
serás,
la alianza pura de un amor
cuando mis ojos han llorado,
reído,
amado
en los recodos de una larga vida.

No te olvido
puesto que vives en mi piel.
No quiero soltarte,
ni liberar crecidas raíces
de las que nacieron bellos rosales.

Te deseo en el dolor
y en quietas soledades,
en las llagas de mis heridas
porque soy la sierva de tu sangre.

Tú mi poesía,
la voz,

mi carne.