domingo, 20 de octubre de 2013

TIEMPO TRANSCURRIDO


















Ayer
anduve por los caminos de la vida
me vestí de luz
para recorrer el tiempo transcurrido.

Desperté en un prado verde,
donde la infancia se alza
con numerosos latidos
que colmaban
el  frondoso cauce de un rio,
y los sueños eran ternura
cual aliento es amante
en la historia  de un niño.

Me dejé llevar,
 por la voz de la adolescencia
donde la centelleante llama del amor
era  desnudada
entre narcisos y violetas,
y los ojos reflejaban el matiz brillante
cuando la belleza consentida
se convertía en inverosímiles  paisajes.

Allí estás dócil y serena,
adulta,
lúcida,
sin prisa.
El  sosiego es la clave  de la plenitud
cuando los descendientes son brisa
en las perlas del alma,
mientras perfilas
el almíbar en mis labios
acariciando la sien y el tibio costado.

La vejez
es una compasada memoria
de hebras blancas
que concluye lenta y solitaria.
Campanas  silencian las vacías miradas
mientras llega la parca con agujas en la mente,
observando sigilosa  la soledad
que se adhiere amarga colmada de sed,
tiempos transcurridos,

fin de los días.