martes, 17 de noviembre de 2015

Fragmentos de "504 horas contigo"




Por costumbre observo
un sinfín de caricias
que no me tocan,
y entonces estalla
un renacimiento con hectáreas de umbría
que nutren mi sangre.

No te cansas de retorcer
mi cabeza bajo el agua turbia,
mientras me tiras contra paisajes
suspendidos de un hilo.

Creí que no podías herirme,
pero sigue naciendo victorioso el gris
en el reino de un sueño.
No entiendo
como siempre estoy llena de agua,
vivo entre la piel densa
del frío y la lágrima.

Fueron tantos espacios negados
que ya se quedaron en la superficie
en el mismo instante
que sentí el amor.

Entonces,
me doy cuenta de que siempre he llorado
en unos brazos invisibles,
invisibles de cariño, con emociones que no conozco.

¿En qué lado de la acera
puedo encontrar el tacto de las sílabas?
¿Dónde sentir las palabras que no escucho?
No sé,
si giro alrededor
y no te veo,
o simplemente,
soy superviviente al polvo del amor.